Andrés y yo, asesorados por nuestro
profesor de Conocimiento y Cultura, decidimos que lo mejor era visitar el
Hospital Civil de Guadalajara durante la mañana. Es por eso que establecimos
Plaza del Sol como punto de reunión y partimos rumbo al hospital alrededor de
las 8:30. El trayecto tomó más tiempo del que teníamos contemplado, pues nos
perdimos durante el camino y tuvimos que recurrir a un taxi para poder llegar a
nuestro destino.
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La espera es larga a las afueras del Hospital Civil |
Una vez en el Hospital Civil, nos
dispusimos a buscar algún acceso al inmueble para poder proceder con las
entrevistar y poder observar un poco más de cerca el entorno. Los alrededores
del hospital son un poco diferentes a lo que yo me esperaba, e incluso la
fachada de este no luce como yo me lo imaginaba. Al principio, sentí que había
muy poca gente en los alrededores, pues esperaba ver un mayor movimiento en la
zona a esa hora.
El primer edificio que visitamos fue
el de urgencias, y nos fue un poco complicado acceder a esta zona, pues los
elementos de seguridad del mismo permitían el ingreso únicamente a aquellas
personas que fueran a consulta o a visitar a algún paciente. Al final pudimos
ingresar con la condición de que no perturbáramos el orden y nos dedicáramos
únicamente a hacer nuestras entrevistas. Esto mismo ocurrió en el edificio de
consultas, aunque cabe mencionar que el personal siempre se mostró en la mejor
disposición posible. En total, realizamos 6 entrevistas, de las cuales
cuatro fueron realizadas en la zona de
urgencias y visitas, una en el edificio de consultas y una más en las afueras
del hospital.
Creo que nuestra visita estaba marcada
por una constante: filas y filas y más filas de espera. La zona de consultas es
donde más gente se puede observar. Muchos de ellos están a la espera de un
lugar disponible en la sombra para poder sentarse a esperar su turno; mientras
tanto, muchos otros se encuentran
parados debajo del sol, haciendo fila para obtener una ficha que les permita
hacer otra fila. Entre la multitud se escuchan platicas de todo tipo,
principalmente temas de salud. Las personas conversan con aquellos a su lado
para matar el tiempo. Intercambian opiniones y al momento de partir se desean o
mismo: "suerte", "ánimo", "que Dios lo acompañe".
Uno puede percibir el cansancio de las
personas a través de su postura y su expresión; sobre todo en nuestra primera
entrevista, una señora cansada la cual parecía agobiada de tanta espera para
poder ver a su familiar en urgencias. En más de una ocasión dudamos al momento
de elegir a nuestros entrevistados. Sentíamos cierto temor a entrevistar a
alguien a quien termináramos agobiando aún más con nuestras preguntas. Poco a
poco pudimos realizar nuestras entrevistas, cada una mejor que la anterior,
pues conforme avanzaban las preguntas nos dábamos cuenta cómo hacer las preguntas
sin parecer muy entrometidos.
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Alumnos de medicina conviven en los patios del Hospital Civil |
Durante la visita, en verdad sentí una
gran disposición por parte de toda la gente, la disposición fue estupenda.
Había jóvenes que habían estado en el hospital desde las cuatro de la mañana,
un grupo de estudiantes de medicina conversando durante su descanso, un señor
que se encontraba esperando su turno para la consulta de su nieto, y todos nos
dieron su punto de vista y su opinión personal sobre cada tema que se les
preguntaba. Pero si me preguntan, yo me quedo con la tercera entrevista, un
señor que no sólo nos dio una opinión, sino que también argumentó profundamente
su pensar y su sentir. Este señor no buscó responsables del mal servicio de
salud pública, sino que hizo un análisis sobre el problema y dio posibles
soluciones. Me dejó boquiabierto al terminar la entrevista, me enseñó ese lado
oculto de las preguntas que Andrés y yo nunca vimos, ni siquiera al momento de
plantearlas.
Una observación que pude hacer, es ese
temor que se percibe en algunos de los entrevistados cuando se les hacen
preguntas sobre el servicio de salud público. Dentro del hospital, la
calificación del servicio que dan los entrevistados va desde un 7 hasta un 9.
Mientras que en los alrededores difícilmente se alcanza el 6. Muchos le los pacientes
dicen estar conformes, y cuando se les pregunta por un culpable, la respuesta
va casi siempre dirigida hacia los directivos del hospital.
Finalmente, salimos del Hospital
Civil, y por alguna razón tenía
sentimientos mezclados. Una parte de mi se sentía contento por la gran
disposición de la gente, pues esperaba encontrarme con una actitud más cortante
por parte de las personas. Pero otra parte de mí, aquella parte
"reflexiva", le daba vueltas al asunto del servicio. Todas esas
personas pasan por infinidad de dificultades para poder atenderse o atender a
sus familiares, y no les queda otra opción. Uno está acostumbrado a tener
servicios médicos con doctores privados, donde la atención es instantánea y la
mayor preocupación se detiene hasta mi propia recuperación y salud. Mientras
tanto, estas personas hacen largas filas, y su preocupación no pasa solo por su
estado de salud, sino también por el costo de las medicinas, la larga espera
para ser atendidos y su preocupación por que el doctor no se equivoque en el
diagnóstico.
Durante todo el trayecto de regreso le
di vueltas y vueltas a esta idea en mi cabeza. Creo que la siguiente ocasión
que me enferme, no tendré una razón sólida para quejarme sin antes pensar en
toda esa fila a las afueras del Hospital Civil.