lunes, 23 de noviembre de 2015

Crónica: Sergio Barajas

Andrés y yo, asesorados por nuestro profesor de Conocimiento y Cultura, decidimos que lo mejor era visitar el Hospital Civil de Guadalajara durante la mañana. Es por eso que establecimos Plaza del Sol como punto de reunión y partimos rumbo al hospital alrededor de las 8:30. El trayecto tomó más tiempo del que teníamos contemplado, pues nos perdimos durante el camino y tuvimos que recurrir a un taxi para poder llegar a nuestro destino.
La espera es larga a las afueras
del Hospital Civil

Una vez en el Hospital Civil, nos dispusimos a buscar algún acceso al inmueble para poder proceder con las entrevistar y poder observar un poco más de cerca el entorno. Los alrededores del hospital son un poco diferentes a lo que yo me esperaba, e incluso la fachada de este no luce como yo me lo imaginaba. Al principio, sentí que había muy poca gente en los alrededores, pues esperaba ver un mayor movimiento en la zona a esa hora.

El primer edificio que visitamos fue el de urgencias, y nos fue un poco complicado acceder a esta zona, pues los elementos de seguridad del mismo permitían el ingreso únicamente a aquellas personas que fueran a consulta o a visitar a algún paciente. Al final pudimos ingresar con la condición de que no perturbáramos el orden y nos dedicáramos únicamente a hacer nuestras entrevistas. Esto mismo ocurrió en el edificio de consultas, aunque cabe mencionar que el personal siempre se mostró en la mejor disposición posible. En total, realizamos 6 entrevistas, de las cuales cuatro  fueron realizadas en la zona de urgencias y visitas, una en el edificio de consultas y una más en las afueras del hospital.

Creo que nuestra visita estaba marcada por una constante: filas y filas y más filas de espera. La zona de consultas es donde más gente se puede observar. Muchos de ellos están a la espera de un lugar disponible en la sombra para poder sentarse a esperar su turno; mientras tanto,  muchos otros se encuentran parados debajo del sol, haciendo fila para obtener una ficha que les permita hacer otra fila. Entre la multitud se escuchan platicas de todo tipo, principalmente temas de salud. Las personas conversan con aquellos a su lado para matar el tiempo. Intercambian opiniones y al momento de partir se desean o mismo: "suerte", "ánimo", "que Dios lo acompañe".

Uno puede percibir el cansancio de las personas a través de su postura y su expresión; sobre todo en nuestra primera entrevista, una señora cansada la cual parecía agobiada de tanta espera para poder ver a su familiar en urgencias. En más de una ocasión dudamos al momento de elegir a nuestros entrevistados. Sentíamos cierto temor a entrevistar a alguien a quien termináramos agobiando aún más con nuestras preguntas. Poco a poco pudimos realizar nuestras entrevistas, cada una mejor que la anterior, pues conforme avanzaban las preguntas nos dábamos cuenta cómo hacer las preguntas sin parecer muy entrometidos.

Alumnos de medicina conviven en los patios del
 Hospital Civil
Durante la visita, en verdad sentí una gran disposición por parte de toda la gente, la disposición fue estupenda. Había jóvenes que habían estado en el hospital desde las cuatro de la mañana, un grupo de estudiantes de medicina conversando durante su descanso, un señor que se encontraba esperando su turno para la consulta de su nieto, y todos nos dieron su punto de vista y su opinión personal sobre cada tema que se les preguntaba. Pero si me preguntan, yo me quedo con la tercera entrevista, un señor que no sólo nos dio una opinión, sino que también argumentó profundamente su pensar y su sentir. Este señor no buscó responsables del mal servicio de salud pública, sino que hizo un análisis sobre el problema y dio posibles soluciones. Me dejó boquiabierto al terminar la entrevista, me enseñó ese lado oculto de las preguntas que Andrés y yo nunca vimos, ni siquiera al momento de plantearlas.

Una observación que pude hacer, es ese temor que se percibe en algunos de los entrevistados cuando se les hacen preguntas sobre el servicio de salud público. Dentro del hospital, la calificación del servicio que dan los entrevistados va desde un 7 hasta un 9. Mientras que en los alrededores difícilmente se alcanza el 6. Muchos le los pacientes dicen estar conformes, y cuando se les pregunta por un culpable, la respuesta va casi siempre dirigida hacia los directivos del hospital.

Finalmente, salimos del Hospital Civil, y por alguna razón  tenía sentimientos mezclados. Una parte de mi se sentía contento por la gran disposición de la gente, pues esperaba encontrarme con una actitud más cortante por parte de las personas. Pero otra parte de mí, aquella parte "reflexiva", le daba vueltas al asunto del servicio. Todas esas personas pasan por infinidad de dificultades para poder atenderse o atender a sus familiares, y no les queda otra opción. Uno está acostumbrado a tener servicios médicos con doctores privados, donde la atención es instantánea y la mayor preocupación se detiene hasta mi propia recuperación y salud. Mientras tanto, estas personas hacen largas filas, y su preocupación no pasa solo por su estado de salud, sino también por el costo de las medicinas, la larga espera para ser atendidos y su preocupación por que el doctor no se equivoque en el diagnóstico.


Durante todo el trayecto de regreso le di vueltas y vueltas a esta idea en mi cabeza. Creo que la siguiente ocasión que me enferme, no tendré una razón sólida para quejarme sin antes pensar en toda esa fila a las afueras del Hospital Civil.

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